|
En respuesta a la estructural crisis política, económica y social, históricamente el Estado Colombiano y sus clases dirigentes han optado por la vía represiva para contrarrestar los males verdaderos de la sociedad colombiana: La miseria y el hambre. Se ha impuesto la criminalización de la pobreza y la protesta social y popular; una política de terrorismo de Estado que tiene por blanco a los pobres, y a quienes, eventualmente, podrían representar una alternativa de cambio democrático. El objetivo fundamental es crear condiciones de estabilidad y seguridad necesarias para garantizar el proceso de acumulación capitalista, y para ello se ha recurrido a la vulneración de la dignidad humana y de los derechos fundamentales e inalienables del pueblo colombiano.
Actualmente la expresión más aberrante de la penalización de la protesta social y popular se ha desarrollado en el marco de la política de “seguridad democrática” aplicada por el Narco-presidente Álvaro Uribe Vélez, que se ha traducido en la persecución y judicialización de cientos de dirigentes de organizaciones sindicales, campesinas, indígenas, y las detenciones masivas en las que se comete todo tipo de desmanes contra el pueblo y sus organizaciones, calificadas por el estado como terroristas. En las cárceles colombianas se encuentran miles de combatientes populares en físico estado de indefensión. Durante décadas las mazmorras de nuestro país han sido atiborradas por un sinnúmero de combatientes populares de izquierda que se han opuesto tácitamente a la oligarquía colombiana; muchos de ellos actualmente purgan largas condenas padeciendo la atrocidad y humillación inferida por el estado colombiano.
La situación de los presos políticos es de una grave y sistemática violación a los derechos más elementales: condiciones infrahumanas de reclusión, irrespeto a la dignidad del preso, violación de derechos humanos, además de la descarada injerencia gringa en la administración de justicia y las políticas penitenciarias y carcelarias en Colombia. Sistemáticamente se violan derechos como la dignidad, la vida e integridad personal, los derechos a la familia, a la salud, al trabajo y otros. Sabemos que la cárcel, como parte del aparato represivo del Estado, busca quebrantar la moral, la convicción y los ideales de los luchadores populares pretendiendo con ello desvirtuar la justeza de su lucha, descomponerlos y ganarlos a su favor. Sin embargo, tal como lo demuestran nuestros camaradas, los prisioneros de guerra de las FARC-EP, una vez más se equivoca el Estado Colombiano cuando cree que la cárcel es el eslabón más débil de la cadena. Por el contrario, ella es un frente más de lucha y en ella se cosecha una más de sus derrotas. No podrán quebrantar el espíritu de Bolívar, que es el espíritu de la FARC-EP, compromiso de lucha, ejemplo de firmeza y dignidad. Los guerrilleros del Bloque IVAN RIOS de las FARC-EP, saludamos a los prisioneros de guerra y les hacemos llegar un fraternal abrazo revolucionario, solidario y cálido. Continuamos la brega y la pelea por su libertad.
JURAMOS VENCER Y VENCEREMOS “Por la Nueva Colombia, la Patria Grande y el Socialismo”
PARTIDO COMUNISTA CLANDESTINO COLOMBIANO,BLOQUE IVAN RIOS FARC-EP |